Ciudad tranquila y emocionante, sentida. Me encanta el acento de la gente, cómo se expresan, parecen alegres y vitales. Y hospitalari@s.
El fin de semana pasó volando y entretenido al máximo, en todos los sentidos. Está claro que como una escapada no hay nada. :)
Un paseo nocturno por las calles céntricas (vamos, por la zona turística), en calesa, resultó una maravilla. Las niñas, a lo suyo, empeñadas en adoptar un caballo y yo que uno, no, media docena. :) :)
Y sentir el cambio por el Parque de María Luisa de la tarde a la noche, también. Las esculturas, los monumentos, el cambio de color. Muy bonito, sí señor.
Sobre todo, el pabellón mudéjar, qué preciosidad. Allí, un paseo familiar en bici de cuatro: agujetas y risas.
Me gustó el barrio de Triana, sobre todo la gastronomía. :) :) Y lo tranquilo que parece. Y el barrio de Santa Cruz, también.
Vimos en el Museo de Bellas Artes la exposición de cuadros de la colección Casa de Alba. Muy bonita, me llamó la atención un cuadro de la emperatriz Eugenia de Montijo, precioso. En las afueras del museo, había un mercadillo de pintores espectacular. Así que la espera, por la cacho cola para entrar a la exposición temporal ,fue de lo más entretenida.
Eso sí, en Sevilla iglesias un montón. Iglesias y toros. Ya se sabe: para gustos, colores.
Y un tranvía, zona turística peatonal, por la zona de la catedral. Fascinada quedé, hay que volver. :)






















