martes 17 de noviembre de 2009

Sevilla.



Ciudad tranquila y emocionante, sentida. Me encanta el acento de la gente, cómo se expresan, parecen alegres y vitales. Y hospitalari@s.

El fin de semana pasó volando y entretenido al máximo, en todos los sentidos. Está claro que como una escapada no hay nada. :)

Un paseo nocturno por las calles céntricas (vamos, por la zona turística), en calesa, resultó una maravilla. Las niñas, a lo suyo, empeñadas en adoptar un caballo y yo que uno, no, media docena. :) :)



Y sentir el cambio por el Parque de María Luisa de la tarde a la noche, también. Las esculturas, los monumentos, el cambio de color. Muy bonito, sí señor.




Sobre todo, el pabellón mudéjar, qué preciosidad. Allí, un paseo familiar en bici de cuatro: agujetas y risas.



Me gustó el barrio de Triana, sobre todo la gastronomía. :) :) Y lo tranquilo que parece. Y el barrio de Santa Cruz, también.

Vimos en el Museo de Bellas Artes la exposición de cuadros de la colección Casa de Alba. Muy bonita, me llamó la atención un cuadro de la emperatriz Eugenia de Montijo, precioso. En las afueras del museo, había un mercadillo de pintores espectacular. Así que la espera, por la cacho cola para entrar a la exposición temporal ,fue de lo más entretenida.

Eso sí, en Sevilla iglesias un montón. Iglesias y toros. Ya se sabe: para gustos, colores.

Y un tranvía, zona turística peatonal, por la zona de la catedral. Fascinada quedé, hay que volver. :)

domingo 15 de noviembre de 2009

La ofensa.




La memoria no es un instrumento del hombre, un siervo amable, un eficiente valet; más bien parece que el hombre fuera un lacayo de su memoria. Porque el hombre languidece, se distrae, se corrompe, pero su memoria permanece firme, a pie de obra, insobornable; de manera que mientras el hombre tropieza, o se enfría, o pierde sus dientes, o levanta murallas, o se disfraza, o devora a sus semejantes, ella permanece alerta, chupándolo todo, guardándolo todo, clasificándolo todo: cavando, cavando, cavando.

(Ricardo Menéndez Salmón: "La ofensa" Pág. 123)

jueves 12 de noviembre de 2009

Alarma, que la vida sigue.

A medida que comienza a cambiar la metereología, vamos, que el frío saca a pasear las uñitas, se ha dado la señal de salida a la alarma por la más que manida gripe A. O virus H1N1 tanto da.

En el hospital sí se ha notado desde la semana pasada una barbaridad, gente que llega con los síntomas de la gripe estacional de todos los años por estas fechas, pero en algunos casos asustada de verdad...

Ya les puedo explicar que se ha creado tal alarma social que a ver quién la para. Y eso que estamos al principio.

Hoy han pasado por la unidad la dirección en pleno, interesándose por las estadísticas de paso y prometiendo más recursos técnicos y humanos.

El caso es que parece que se avecina una de concurso...




Mientras, la vida sigue, E. las niñas y yo nos vamos el fin de semana de escapada a Sevilla.

lunes 9 de noviembre de 2009

Puentes.



Me gustan los puentes, siento especial atracción por ellos.



Tal vez como simbología de comunicación entre dos lados, cruzar al otro lado. Algo esperable, desconocido o no.



Resumiendo: sin lugar a dudas, voto por los puentes.

domingo 8 de noviembre de 2009

El sueño de anoche.



Soñé que estábamos en París las niñas, E. y yo. Y me perdía. Recuerdo que luego l@s encontraba, después volvía a suceder algo parecido como un bucle, sueño repetido.
He despertado sobresaltada y nerviosa.

jueves 5 de noviembre de 2009





NOVIEMBRE

Llega otra vez noviembre, que es el mes que más quiero
porque sé su secreto, porque me da más vida.
La calidad de su aire, que es canción,
casi revelación,
y sus mañanas tan remediadoras,
su ternura codiciosa,
su entrañable soledad.
Y encontrar una calle en una boca,
una casa en un cuerpo mientras, tan caducas,
con esa melodía de la ambición perdida,
caen las castañas y las telarañas.

Estas castañas, de ocre amarillento,
seguras, entreabiertas, dándome libertad
junto al temblor en sombra de su cáscara.
Las telarañas, con su geometría
tan cautelosa y pegajosa, y
también con su silencio,
con su palpitación oscura
como la del coral o la más tierna
de la esponja, o la de la piña
abierta,
o la del corazón cuando late sin tiranía, cuando
resucita y se limpia.
Tras tanto tiempo sin amor, esta mañana
qué salvadora. Qué
luz tan íntima. Me entra y me da música
sin pausas
en el momento mismo en que te amo,
en que me entrego a ti con alegría,
trémulamente e impacientemente,
sin mirar a esa puerta donde llama el dios.

Llegó otra vez noviembre. Lejos quedan los días
de los pequeños sueños, de los besos marchitos.
Tú eres el mes que quiero. Que no me deje a oscuras
tu codiciosa luz olvidadiza y cárdena
mientras llega el invierno.

Claudio Rodríguez

miércoles 4 de noviembre de 2009

Beirut, I love you.




Como una madre que sostiene a su hijo contra su pecho porque ha recibido un insulto racista por primera vez, quería decirle que en el mundo hay gente mala y que tenemos que aprender a ser fuertes. Que la gente muere. Que constantemente vuelan edificios por los aires, en todo el mundo. Que en Palestina muere gente todos los días. En Palestina mueren niños sin motivo. En Palestina, mueren niños porque hay bulldozers que echan abajo sus casas.

¿Es tan diferente un avión que un bulldozer?

Pero Tim, como la mayoría de mis cmpañeros de clase, desconfiaba de mi cariño. Mientras sus corazones se llenaban de temor y recelo, mi corazón se volvió más grande. Yo quería amar. Quería cogerlos a todos, sentarlos delante de mí y reventar con delicadeza la burbuja en la que habían estado viviendo. Quería ser la madre que sienta a su hija y le explica que llegará un día en el que los chicos intentarán besarla y hacer otras maldades. Quería hablarles a mis compañeros sobre el sur del Líbano, sobre Palestina, Sri Lanka, Birmania, sobre Sudamérica y África. Quería preguntarles si se acordaban de Bosnia y de Iraq. Quería preguntarles si recordaban a sus propios indios norteamericanos. Quería decirles que todos los días muere gente y que lo sucedido en Nueva York el 11 de septiembre de 2001 no era distinto.

(Zena El Khalil: "Beirut, I love you" Pág. 35)

domingo 1 de noviembre de 2009

La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey.




¿Se ha dado cuenta de que cuando conoce a alguien nuevo, el nombre de esa persona te viene a la cabeza de repente a todas partes donde vas? Mi amiga Sophie lo llama coincidencia, y el reverendo Simpless lo llama voluntad divina. Él cree que si nos importa mucho alguien o algo nuevo, proyectamos una especie de energía al mundo y con ella llegan cosas positivas.

(Mary Ann Shaffer y Annie Barrows: "La sociedad literaria y el pastel de patata de Guernsey" Pág. 132)

martes 27 de octubre de 2009

Perfumes




















Cada estado de ánimo, un perfume. Y va por épocas, mi primer perfume fue Aire de Loewe, años 80. muy jovencita. De vez en cuando regreso a mis orígenes. De aquellos tiempos, también Anaïs Anaïs.

Más tarde, "Fràgile" de Jean Paul Gaultier. Qué recuerdos. Ya pasó.

Luego volví otra temporada a "Aire" de Loewe.

Más de uso reciente: "Amor Amor" también de Cacharel.

Y hoy por hoy, me gusta "Noa", de Cacharel.

lunes 26 de octubre de 2009

Gripe A.




Aún no conozco a un solo profesional de sanidad que quiera vacunarse contra la gripe A. Y mira que conozco a legión. Empezando por l@s propi@s médic@s que suelen ser l@s más escépticos al respecto.

Lo que sí he observado es que acude bastante gente alarmada por los síntomas de la gripe de todos los años por estas fechas. La diferencia es que ahora se les atiende con más atención, por si las moscas. Y a veces surgen sorpresas, por ejemplo que se descubra alguna otra patología que en circunstancias normales habría pasado desapercibida.

Otra guerra comercial de oscuros intereses, para variar. :(

viernes 23 de octubre de 2009

La piedra de la paciencia (Sangue sabur)




"¡Perdón!... es... es la primera vez que te hablo así... tengo vergüenza. verdaderamente, no sé de dónde me sale todo esto. Antes, nunca pensaba en estas cosas. Créeme. ¡Nunca!" Un momento, luego prosigue: "Incluso cuando veía que tú eras el único en disfrutar, eso no me disgustaba en absoluto. Al contrario, me alegraba. Me decía que así era nuestra naturaleza. Así eran nuestras diferencias. Vosotros, los hombres, disfrutais y nosotras, las mujeres, nos alegramos. Eso me bastaba. Y yo me proporcionaba placer a mí misma...tocándome". Le sagra el labio. Se lo enjuga con el dedo anular, luego con la lengua. "Una noche me sorprendiste. Tú estabas durmiendo. Yo, a tu espalda, me acariciaba. Puede ser que mis jadeos te despertasen. Sobresaltándome, me preguntaste qué estaba haciendo. Yo tenía calor y estaba temblando... Entonces, te dije que tenía fiebre. Tú me creíste. Pero me enviaste a dormir a la otra habitación, con las niñas. ¡Qué cerdo!" Calla, por miedo o por pudor. El rubor brota en sus mejillas, y se extiende poco a poco por el cuello. Oculta su mirada tras los párpados, que se cierran soñadoramente.

(Atiq Rahimi: "La piedra de la paciencia" Pág. 92)

miércoles 21 de octubre de 2009

Cumplefeliz




He cumplido 47 años y prometo que tal vez este cumplefeliz ha sido de los más importantes de mi vida. Entre otras razones porque creo que he madurado en estos doce meses una barbaridad. De premio y para bien.
Por descontado, también incluye una parte fría, escéptica en grado sumo. Pero he elegido, por fin, mi vida. Y ello comporta que a veces sienta que la independencia implica soledad a manos llenas. Lo asumo y defiendo sin contemplación alguna: no hay vuelta atrás.
Miro hacia delante, sin miedo. Y cuando,alguna vez, noto cierto atisbo de melancolía me digo a mí misma que más vale sola que mal acompañada. Porque yo lo valgo. :) :) :)

Disfruto estando en casa, cada día más,valoro el entorno familiar, altibajos incluidos. :) :)

martes 20 de octubre de 2009

Mis amigos, mis amores.




Todos estamos solos, Antoine, aquí, en París, o en cualquier otro sitio. Podemos intentar huir de la soledad, mudarnos, hacer todo lo posible por conocer gente, pero eso no cambia nada. Al final del día, cada uno vuelve a su casa. Los que viven en pareja no se dan cuenta de su suerte. Han olvidado las noches frente a una bandeja de comida preparada, la angustia ante la cercanía del fin de semana, el domingo esperando que suene el teléfono. Millones de personas vivimos así en las capitales del mundo. La única buena noticia es que no somos tan diferentes los unos de los otros.

(Marc Levy: "Mis amigos, mis amores" Pág. 44)

domingo 18 de octubre de 2009

La casa de los conejos.




Mi abuelo es abogado, pero no se ocupa de política. No, él no quiere líos. Desde siempre ha defendido a contrabandistas, estafadores, ladrones de todo tipo. Siente una profunda ternura por esos "atorrantes" que le suelen profesar, en reciprocidad, una especie de devoción fraternal. Es verdad que una vez uno de ellos, huesped temporario de su casa desapareció llevándose con él la bañadera. Pero aquí nadie detesta a otro por haber caído en la tentación. Era una bañadera hermosa, toda de mármol, una verdadera pieza para coleccionistas. Prueba, sin duda, de que conocía su oficio.
Pero por lo demás, de esos muchachos (más allá del disgusto de haber tenido que conformarse con la ducha y de ver esfumarse unos cuantos objetos de valor, aquí y allá), no hay nada que temer. Él siempre ha pensado que los pequeños tránsfugas son "hombres de honor". Salvando ciertas tribulaciones más bien cómicas, cuyo divertido relato, siempre enriquecido de circunstancias y pormenores nuevos, corona casi todos los almuerzos dominicales (las numerosas hermanas de mi madre se libran, a lo largo de la tarde, a verdaderas justas oratorias: a ver quién describe con mayor gracia el papel disparatado de uno u otro de estos sinverguenzas han osado interpretar en la casa de su protector, cuando éste tuvo la gentileza de recibirlos); más allá es eso, digo, nadie ha tenido jamás de qué quejarse. Por el contrario: si no se van con una bañadera bajo el brazo, están dispuestos a volverse útiles en caso de necesidad -son expertos en el bricolaje de lo cotidiano, virtuosos componedores de la dura existencia-. Pero tampoco ellos tienen nada que ver con la política. No quieren poner el mundo patas arriba. Solamente hacer malabares con las cosas como son. Lo que le da miedo a mi abuelo son aquellas personas que quieren cambiar todo.

(Laura Alcoba: "La casa de los conejos" Pág. 20-21)

Entrevista con la autora.

viernes 16 de octubre de 2009

Lluvia.



No me gustan los días de lluvia ni el cielo encapotado, gris. Y cuando surge la tormenta, apaga y vámonos.
Entonces pienso en mi gente. ¿Dónde andan?. Llamo por teléfono, me intereso sobremanera si alguien anda fuera de casa.
A saber por qué.
Menos mal que aquí en la zona donde vivo, lo que es llover, más bien poco. Así que cuando caen cuatro gotas, alarma. Los paraguas de no usarlos, el día que se necesitan, más de uno roto.
Hoy llueve. Ya saldrá el sol. :) :)

miércoles 14 de octubre de 2009

Ellas mismas.

Anoche, en la cena.

G (13 años): Mami, papi, lo tengo claro, quiero estudiar veterinaria, vivir en Italia y tener un hijo allí.

Y(o): Tú misma.

H (10 años): Pues yo estoy pensando en ser profesora de lengua.

E: ¿De literatura? ¿Enseñar a leer?

H: Noooooooooo, yo quiero dar clases de ortografía, me encanta escribir y poner tildes.

Y(o): ¡Vosotras mismas!

:) :) :) :)

Sensaciones varias.



Ocurren situaciones que van muy deprisa, me explico: observo que la vida a mi alrededor va a mil por hora. Me refiero a cambios sin pausa, a tomar decisiones rápidas.
Nada que ver con impulsividad, hay que tomar una decisión en ese mismo momento y no esperar al mes que viene o pensar y pensar y seguir pensando. Decidir sí o sí.

En ocasiones siento vértigo porque noto que voy disparada, pero luego me doy cuenta que en caso contrario puedo pararme a meditar y pasan los días.

Me gusta la nueva sensación, disparada. Y de cuando en cuando, descansar. :) :)

martes 13 de octubre de 2009

Turno nuevo: 4-2.

Ya ando en turno nuevo: 4-2. Es decir: Cuatro mañanas (o tardes), dos libres y vuelta a empezar. Las noches pasaron a la historia.
Muy bien. :)

Sin pastillas.



Ya no tomo pastillas.
Una de las noches en Bolonia, salimos a cenar y volvimos a las tantísimas. Se me olvidaron las pastillas en el hotel. En ese mismo momento decidí que no la tomaba más.
Andaba ya medio histérica. Entre otras cosas porque, primero, no sentía mejoría sino todo lo contrario: andaba alterada principalmente porque no controlaba la situación. Tradúzcase situación por vida y salud, a la par.
Llevo ya un mes sin tomarlas y me encuentro mucho mejor que antes. La tensión arterial se ha regularizado y parece como si no hubiese tenido problemas anteriores al respecto.
Se lo comenté al doctor que recetó las pastillas y resolvió que el haber adelgazado y el hecho de practicar ahora ejercicio pueden ser las causas del hecho en sí. Yo le respondí que vale, pero menuda diferencia. Menudo mes de agosto pasé. De errores médicos ni hablamos.

lunes 5 de octubre de 2009

Mal de piedras.




De hecho, según mamá, en las familias siempre hay alguien que carga con el desorden, porque la vida es así, un equilibrio entre esos dos opuestos, de lo contrario el mundo se agarrota y se detiene. Si por las noches dormimos sin pesadillas, si el matrimonio de papá y mamá ha estado siempre libre de choques, si me caso con mi primer novio, si no tenemos crisis de pánico ni intentamos suicidarnos, ni echarnos a los contenedores de basura, ni desfigurarnos, el mérito es de abuela, que pagó por todos. En cada familia siempre hay alguien que paga su tributo para que se mantenga el equilibrio entre el orden y el desorden y para que el mundo no se detenga.

(Milena Agus: "El mal de piedras" Pág. 161-162)

domingo 4 de octubre de 2009

El libro de los abrazos.



Tenían las manos atadas, o esposadas, y sin embargo los dedos danzaban, volaban, dibujaban palabras. Los presos estaban encapuchados, pero inclinándose alcanzaban a ver algo, alguito, por abajo. Aunque hablar estaba prohibido, ellos conversaban con las manos.
Pinio Ungerfeld me enseñó el alfabeto de los dedos, que en prisión aprendió sin profesor:
---Algunos teníamos mala letra --me dijo--. Otros eran artistas de la caligrafía.
La dictadura uruguaya quería que cada uno fuera nada más que uno, que cada uno fuera nadie: en cárceles y cuarteles, y en todo el país, la comunicación era delito.
Algunos presos pasaron más de diez años enterrados en solitarios calabozos del tamaño de un ataúd, sin escuchar más voces que el estrépito de las rejas o los pasos de las botas por los corredores. Fernández Huidobro y Mauricio Rosencof, condenados a esa soledad, se salvaron porque pudieron hablarse, con golpecitos, a través de la pared. Así se contaban sueños y recuerdos, amores y desamores; discutían, se abrazaban, se peleaban; compartían certezas y bellezas y también compartían dudas y culpas y preguntas de esas que no tienen respuesta.
Cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, a la voz humana no hay quien la`pare. Si le niegan la boca, ella habla con las manos, o por los ojos, o por los poros o por donde sea. Porque todos, toditos, tenemos algo que decir a los demás, alguna cosa que merece ser por los demás celebrada o perdonada.

(Eduardo Galeano: "El libro de los abrazos" Pág. 11)

El carnet de conducir.



Contesto a Amelie.
Ahí sigue, en la salita de espera. Sin cambios a corto plazo.
Y todo por la magnífica idea que tuve de cambiar de turno, de momento sigo con noches fijas (noche sí, noche no y tres libres a elegir al mes. He solicitado volver al turno rodado, a saber: dos mañanas, dos tardes y una noche luego tres libres y vuelta a empezar.
Con el turno actual es casi imposible, necesito la mañana saliente para descansar y luego al día siguiente para papeleos y ocuparme un poco del orden (en el desorden)de casa.
La verdad es que no me apetece mucho volver a las clases, sobre todo después de la visita al circuito de Maranello. Lo pasé relativamente mal viendo la velocidad de los coches. Vamos, que la sensación fue desagradable.

De todas formas y excusas aparte, volveré sí o sí a la autoescuela, supongo que para finales de mes cuando sepa ya si consigo el cambio de turno.

jueves 1 de octubre de 2009

Porque sí.



Ayer, por las buenas y sin ningún tipo de indecisión borré todo, TODO, lo que guardaba de picaflores en yahoo. Ëste era el refugio del pasado:imágenes,transcripciones literales con nombres reales. En fin, TODO.

Y me quedé tan fresca, como una rosa.

El blog donde Estrellita luminosa me ayudo desde el alma con el duelo, permanece. No sé hasta cuándo porque igual se me cruzan los cables y también vuela. Sólo sé que fue una etapa de mi vida que pasó.

Existen teorías sobre guardar la memoria emocional negativa para evitar el olvido y no volver a incurrir en nefastos recuerdos, pero yo creo en pasar página y en ocupar la memoria selectiva en disfrutar el presente. Lo que sí tengo claro es que cuando una empieza a valorarse a sí misma, pasa olímpicamente de distracciones que no conducen a ningún lugar. Salvo a la desazón. Y claro, no es plan. :)

martes 29 de septiembre de 2009

Esperadme en el cielo.



Ellos, en quienes deposité mi confianza hasta el punto de querer dar la vida -o los tubos que me ataban al mundo- para continuar a su lado, me reservaban un encontronazo con mi más temida criatura de las tinieblas . La introspección. Esa zorra.
Un enemigo a evitar, cuando se ha alcanzado mi edad. Lo sé muy bien. He pasado años cribándome el cerebro a mechones -es el cerebro lo que duele, no el corazón; el cerebro es el único órgano capaz de segregar melancolía-. y después de no poco descalabro había alcanzado, allá en la tierra, la sensata conclusión de que es inútil darle tanto al tarro.
Cuando se aparenta lo que no se es, y eso es lo único que los otros creen que eres, y hasta te felicitan por serlo, y te vas quedando sin gente cercana con quien compartir los tablones del naufragio... ¿Quién necesita meditar? No mientras agonizo.
El gran error de la madastra de Blancanieves fue situarse delante del espejo planteándole al muy canalla preguntas que podía haberse contestado por sí misma. ¡Todavía con esperanzas, a su edad, todavía compitiendo con la mema de su hijastra! A medida que transcurre el tiempo y el paisaje al que pertenecíamos se desmorona y los seres a quienes amamos mueren -pues envejecer sólo aporta dos malas noticias: o cascas tú o la palman los tuyos-, se aprende a desaprender. Lo primero que desaprendemos es ese cuento de la superioridad de la vejez sobre la juventud. Esa fanfarronada de dar las gracias cada mañana por estar viva, de conformarse con lo que trae de bueno el nuevo día: una mierda. La aprendí y la desaprendí y no sentí que perdía más de lo que ya había perdido. Por eso soy, en el fondo, una mujer muy triste. No porque añore mi juventud, sino porque he vivido los últimos años negándome a admitir cuánto echaba de menos lo mejor de la juventud, que es la esperanza. Ese inmenso territorio todavía por arar. ¿Cuál es la esperanza de los viejos? ¿Arrancarle una propina al Tiempo?.

(Maruja Torres: "Esperadme en el cielo" Pág. 70- 71)

miércoles 23 de septiembre de 2009

Roma.




Para visitar Roma, mejor el invierno o el otoño. Pero en temporada de verano, más bien no. Más que nada por la temperatura, qué calor.
Hicimos el tour desde la Plaza de España al Coliseum y me dió la impresión de estar viendo una película. Tantas veces las mismas imágenes que parecían salidas de un folleto turístico.

Me refiero a que parecía un dejavú, que lo había visto antes. Pero ahora era real, todo real.

La Fontana de Trevi me encantó/impactó. Qué bonita. Y el Coliseo también, al entrar incluso imaginé que de un momento a otro saldrían los leones...

G. nos dió una lección de historia y comprobé que aprovecha muy bien las clases de Sociales en el instituto: "Mami, yo sé que es eso, es un obelisco, lo mandaban construir los señores para contar sus batallitas, era una manera de escribir la autobiografía".

Y los helados, qué helados, qué cucuruchos. Una maravilla.